Segismundo:


Pues en eso
¿qué tengo que agradecerte?
Tirano de mi albedrío,
si viejo y caduco estás                                   1505
muriéndote, ¿qué me das?
¿Dasme más de lo que es mío?
Mi padre eres y mi rey;
luego toda esta grandeza
me da la naturaleza                                         1510
por derechos de su ley.
Luego, aunq[ue] esté en este estado,
obligado no te quedo,
y pedirte cuentas puedo
del tiempo que me has quitado                   1515
libertad, vida y honor;
y así, agradéceme a mí
que yo no cobre de ti,
pues eres tú mi deudor.

Basilio:


Bárbaro eres y atrevido;                                  1520
cumplió su palabra el cielo;
y así, para él mismo apelo,
soberbio, desvanecido.
Y aunque sepas ya quién eres,
y desengañado estés,                                         1525
y aunque en un lugar te ves
donde a todos te prefieres,
mira bien lo que te advierto:
que seas humilde y blando,
porque quizá estás soñando,                            1530
aunque ves que estás despierto.

(Vase)

(Edición de Ciriaco Morón en Cátedra, 1991)

Estas intervenciones de los dos personajes principales, que se parecen a un diálogo, tiene lugar en la escena VI de la segunda jornada de La vida es sueño. Segismundo, príncipe de Polonia, vive encerrado en una torre, sin saber quién es ni la razón de su cautiverio. Una noche es llevado a palacio mientras duerme, y al despertar se ve poderoso y halagado. Debido al uso reprobable que hace del poder, el rey Basilio lo devuelve a su prisión. Esta conversación tiene lugar durante esa breve estancia en la corte.

El propósito fundamental del fragmento es exponer la visión que Segismundo tiene de la legitimidad del poder. Afirma el príncipe que la legitimidad viene del nacimiento, mientras que para Basilio, como sabemos, el gobernante ha de buscar la legitimidad con su comportamiento justo, mesurado. Esta es, por otra parte, la visión del autor y la doctrina que busca difundir con esta obra: la virtud hace al buen rey, ajustado a la doctrina cristiana y merecedor del respeto de sus súbditos. Por otra parte, el rey hace referencia al tema barroco de la inconsistencia de la vida para advertir a su hijo de las funestas consecuencias de su proceder.

La métrica del fragmento es la más usada en los diálogos del teatro áureo. Son veintisiete versos octosílabos agrupados en redondillas (estrofa de cuatro versos con rima consonante abba).

En cuanto a la estructura interna, aparte de la clara distinción entre las intervenciones de ambos personajes, destaca la disposición argumentativa de los discursos. Los personajes buscan persuadir a la audiencia, y para tal fin exponen con rigor sus argumentos. Se trata de un rasgo de estilo característico del autor. La densidad conceptual (La vida es sueño pertenece al subgénero del drama filosófico) exige una disciplina expositiva que se manifiesta en la sucesión de oraciones condicionales, consecutivas, de estilo sentencioso y limpias de artificios retóricos. A continuación, comentaremos este proceso argumentativo, así como los recursos literarios que contribuyen a la transmisión del mensaje.

El fragmento comienza con una definición concentrada de la opinión que Segismundo tiene de su padre. “Tirano de mi albedrío” mezcla con sutileza dos de los temas principales de la obra: la libertad y el poder. Acusa Segismundo a Basilio de comportarse como un tirano por quitarle su libertad. Queda así manifiesta la ceguera que el poder ha causado en el protagonista, puesto que el verdadero tirano de su pueblo es él mismo (ceguera que le llevará de nuevo a la prisión y a la reflexión final).

En los tres versos siguientes (1505 a 1507) Segismundo expone el primero de los argumentos que apoyan su tesis: la alta cuna le habilita para ejercer el poder a su sabor. Se sirve el personaje de una oración condicional y de dos interrogaciones retóricas cuya respuesta, como sabe todo el auditorio, es negativa. Es decir, la muerte del rey no dará más legitimidad al príncipe heredero, puesto que, por sangre y juventud, ya tiene franco el acceso al trono.

Insiste la estrofa siguiente (versos 1508 a 1511) en la misma idea, con un lenguaje lógico, ajustado al estilo expositivo de la intervención. En efecto, encontramos aquí una premisa (“mi padre eres y mi rey”, verso 1508)) y una conclusión (“luego toda esta grandeza / me da la naturaleza”, versos 1509 y 1510). El vocabulario legal aporta consistencia jurídica al discurso: “derechos”, “ley”, e incluso “naturaleza”, vista aquí como fuente de jurisprudencia.

La repetición de “luego” en el verso 1512 es una nueva muestra del lenguaje lógico comentado en el párrafo anterior. Así pues, convierte las dos redondillas anteriores en la premisa que justifica la siguiente afirmación: a pesar de ser hijo y heredero, el comportamiento despótico del rey le permite exigir una reparación por la pérdida de “libertad, vida y honor” (1516).

Los tres versos que cierran el parlamento del príncipe son una amenaza a la seguridad del rey. Este comportamiento, moralmente inaceptable para el autor, se apoya en los argumentos expuestos por Segismundo (he nacido príncipe y tú te has comportado de manera inaceptable).

Le llega el turno de esta artificiosa conversación al rey Basilio. El monarca lo abre con una increpación que muestra su punto de vista acerca del comportamiento de su hijo ( “Bárbaro eres y atrevido”, verso 1520)

En el verso 1521 el rey se refiere a su creencia en los astros, uno de los rasgos que menoscaban la dignidad de Basilio como rey (otro es, por ejemplo, ocultar su identidad bajo el rebozo de la capa). Por un lado, niega de esta manera la existencia del libre albedrío, puesto que el destino de Segismundo (es decir, del hombre) ya está escrito en las estrellas; por otro, se justifica el experimento de encerrar a su hijo para saber si puede ser heredero digno. El resultado es que Segismundo no es un buen gobernante, sino un “soberbio envanecido” (verso 1523).

Las dos redondillas siguientes adoptan también el orden expositivo tan del gusto de Calderón (“aunque… / mira bien… / porque…”). Las dos conjunciones concesivas describen la situación actual de Segismundo: ya conoce la verdad (“desengañado” no significa desilusionado, sino que ya no es víctima de un engaño). Los subjuntivos “sepas” (1524) y “estés” (1525) presagian una oración principal que va a modificar esta situación aparentemente sólida. En efecto, el verso 1528 introduce la advertencia final, de importancia capital para el desarrollo de la obra: si Segismundo no cambia de actitud, perderá la tesitura lisonjera en la que hoy se regocija. La fragilidad de lo que el príncipe considera intocable (su poder) se representa en la imagen central de la obra, la vida como un sueño. Los adjetivos “humilde” y “blando” dibujan una concepción del poder en Basilio opuesta a la de su hijo. Para el monarca, es el proceder recto el que legitima a un gobernante.

En definitiva, la tensión que se establece en este pasaje es fundamental en el desarrollo de la obra, puesto que se articula en torno a la legitimidad del poder, uno de los pilares ideológicos de la obra y de Calderón. Esta cuestión aparece tratada bajo un punto de vista filosófico que convierte a ambos personajes en antagonistas de valores universales como el poder, la vanidad y, no menos importante que lo ideológico, el quebranto que procura la vida humana con sus mudanzas.