www.cinemotions.comEsta película de Michael Haneke no es una crítica de la violencia en la sociedad contemporánea ni una denuncia sobre la deshumanización del hombre moderno. De hecho, el tema central de la película no tiene nada que ver con la violencia.

A nuestro juicio, Funny Games trata de la manipulación. Haneke quiere convencernos de lo fácil que es manipular al espectador y las reacciones que ha provocado le dan la razón. La indignación de unos ante la violencia injustificada, la admiración de otros por la osadía en la crueldad… todo esto carece de sentido si se analiza en frío la película1. Por un lado, si tenemos en cuenta el uso de la violencia, Funny Games es una película flojísima, con un guión facilón y efectista. Después de la escena del mando a distancia ya no podemos tomárnosla en serio como tesis sobre la deshumanización, o el voyeurismo del espectador, por ejemplo.

Sin embargo, la historia adquiere algo de consistencia si tenemos en cuenta el afán manipulador del autor. Están así justificadas técnicas narrativas que en una película que pretende transmitir un mensaje serio sobre la violencia serían ridículas, como la ruptura de la “cuarta pared” (Paul se dirige en ocasiones al espectador), la escena en la que Anna deja pasar el coche que los hubiera salvado o, sobre todo, el episodio mencionado del mando a distancia. Son, antes bien, trucos evidentes para demostrar que el director de cine puede manejar al espectador como una marioneta para hacerle sentir angustia, indignación, alivio…

Para llegar a tal fin, el director podía haber elegido el sentimentalismo fácil (la trágica vida de una madre pobre que ve morir a sus hijos por enfermedades, drogas, accidentes) o lo chocante (escenas pornográficas, imágenes explícitas de perversiones), pero decide utilizar una violencia extrema y sin sentido.

Así pues, como retrato de la violencia en la sociedad o interpretaciones parecidas, la historia no tiene ninguna consistencia. Es cierto que por el mundo andan sueltos tipos como Paul y su amigo, capaces de estas barbaridades y de cosas peores, mas la manera de presentar lo hechos desacredita cualquier efecto redentor o ejemplar.

Respecto a la reflexión sobre la manipulación, Haneke nos recuerda que cualquier película u obra literaria dirige los sentimientos del espectador hacia la nostalgia, la duda, la desazón, etc. De hecho, toda obra artística es manipulación, y esto no tiene nada de malo. El espectador acepta dejarse llevar, con un límite impuesto por su exigencia intelectual y estética.

En definitiva, bajo este punto de vista, es posible ver Funny Games con la cabeza despejada, relajadamente, pensando con satisfacción: “¡Qué chico tan malo, este Haneke! Pues a mí no me manipula. ¡Menudos cojones tengo yo, que admiro a Bergman y el cine chino!”

1. En El violento matiz de la amapola no nos las queremos dar de valientes. Asistimos a la proyección pálidos de zozobra y sólo nuestro apego al dinero ya gastado nos mantuvo en la butaca. Estas reflexiones surgieron en tertulia, tras varios días de sosiego y visitas a mamá.