Doña Rosa va y viene por entre las mesas del café, tropezando a los clientes con su enorme trasero. Doña Rosa dice con frecuencia leñe y nos ha merengao (1). Para doña Rosa, el mundo es su café, y alrededor de su café, todo lo demás. Hay quien dice que a doña Rosa le brillan los ojillos cuando viene la primavera y las muchachas empiezan a andar de manga corta. Yo creo que todo eso son habladurías: doña Rosa no hubiera soltado jamás un buen amadeo de plata (2) por nada de este mundo. Ni con primavera ni sin ella. A doña Rosa lo que le gusta es arrastrar sus arrobas, sin más ni más, por entre las mesas. Fuma tabaco de noventa (3), cuando está a solas, y bebe ojén (4), buenas copas de ojén, desde que se levanta hasta que se acuesta. Después tose y sonríe. Cuando está de buenas, se sienta en la cocina, en una banqueta baja, y lee novelas y folletines, cuanto más sangrientos, mejor: todo alimenta. Entonces le gasta bromas a la gente y les cuenta el crimen de la calle de Bordadores o el del expreso de Andalucía (5).

1 Nos ha merengao: madrileñismo por “nos ha fastidiado”.

2 Moneda de plata, con valor de cinco pesetas, acuñada en 1871 con la efigie de Don Amadeo de Saboya, rey de España entre 1870 y 1873.

3 Cajetilla de tabaco de picadura que valía noventa céntimos.

4 Ojén: pueblo de la provincia de Málaga que da nombre a un aguardiente dulce.

5 Se alude, sin precisión exacta, a crímenes famosos, como el cometido en el tren correo de Andalucía, en 1924.

Edición de Jorge Urrutia en Cátedra, 1988.

www.pe.kalipedia.comEl texto que vamos a comentar es un fragmento de La colmena. Se trata de la descripción de Doña Rosa, la dueña del café en el que se desarrolla la acción. Aparece al principio de la novela, escrita por Camilo José Cela en los años cuarenta y publicada por primera vez en 1951. Cela es uno de los grandes escritores en español del siglo XX. Su vasta obra literaria abarca la novela, los libros de viajes, artículos periodísticos, poesía y teatro. La colmena es una de sus obras más populares y que más prestigio le han proporcionado, por la maestría con la que despliega técnicas literarias novedosas, como el estilo caleidoscópico y el contrapunto.

El tema central del pasaje es la descripción caricaturesca del carácter intemperante y desaforado de Doña Rosa.

En cuanto a la estructura, se pueden distinguir los siguientes apartados:

1a parte: Líneas 1 a 5. (Doña Rosa… …lo demás)

2ª parte. Líneas 5 a 10 (Hay quien dice… …sin ella)

3ª parte: Líneas 10 a 14 ( A Doña Rosa… …y sonríe)

4ª parte: Líneas 14 a 19 (Cuando está… …Andalucía)

A partir de este punto, trataremos de explicar en detalle los recursos literarios usados por el autor para dibujar el retrato deformado de este personaje.

El texto comienza con la mención de la protagonista. Se trata del retrato de un personaje (descripción física y de la personalidad), por lo que el escritor desea dejar claro cuál es el personaje central de esta secuencia1. Lo primero que se dice de ella es que “va y viene” por el café. Esta idea de movimiento es la primera nota que sugiere el humor tornadizo mencionado en el tema. En la segunda línea se hace referencia a la consecuencia del deambular de la mujer: todos los clientes tropiezan con su “enorme trasero”. Aquí se aprecian dos rasgos caricaturescos que caracterizan esta descripción. Por un lado, el plural “clientes” da la impresión de que estos accidentes son contínuos y exagera los andares torpes de la mujer. Por otro, la hipérbole “tremendo” proporciona una imagen distorsionada de la figura descrita.

La oración contenida en la línea 3 (“Doña… …merengao”) se inscribe en esta primera sección puesto que continúa aportando pinceladas al cuadro de Doña Rosa en su café, en este caso acerca de su manera de hablar. La locución adverbial “con frecuencia” insiste en llevar al límite los gestos del personaje. Las dos expresiones, de sabor añejo y popular, dibujan una mujer de escasa cultura, que se conduce sin mesura también en el hablar. Como cierre de este primer apartado, otra exageración deforma al personaje. Al afirmar que “el mundo es su café”, el autor pone en evidencia el egoísmo de la dueña. Esto, unido a los atropellos de la línea 2 y al lenguaje vulgar de la 3, anticipa la desconsideración con la que va a tratar a sus clientes y empleados.

Un cambio en el estilo del narrador marca el comienzo de la segunda parte. Ya no se nos ofrece una visión externa (aunque subjetiva) de lo que ocurre en el café, sino que el narrador se mete en los personajes con el fin de aportar profundidad psicológica a la descripción. Mediante el “hay quien dice” introduce una sospecha de conducta socialmente reprobable en aquella época, y rompe por añadidura con la tercera persona aparentemente objetiva que ha aparecido hasta el momento.  A continuación, el narrador lo niega, dejando que su voz se  oiga claramente en el texto (“yo creo que”). Para corroborar su juicio, tres elementos ponderativos nos devuelven la descripción caricaturesca central en este pasaje : “jamás”, “por nada del mundo”, “ni con primavera ni sin ella”.

La primera oración de la tercera parte enlaza con la primera línea del fragmento y con la caricaturización enunciada en el tema. Las expresiones “arrastrar las arrobas” y “sin más ni más” animalizan al personaje, exagerando despectivamente su aspecto físico y eliminando la capacidad de discernir en sus acciones.

Continúa el narrador describiendo sus costumbres, en esta ocasión referidas al tabaco y el alcohol. En cuanto al primero, se trata de un tabaco barato, popular entre la gente de menos recursos. Quizá por esto lo fuma a solas, para evitar que los clientes piensen que no tiene dinero para comprar algo de mejor calidad. El orgullo que destila esta sentimiento de superioridad concuerda con su manera de tratar a la gente, mencionada en el primer apartado. Para referirse a la afición por la bebida, el narrador vuelve a utilizar el recurso de la exageración. Si las copas de ojén son “buenas” no es por la calidad del espirituoso, probablemente infame, sino por la cantidad ingerida. Evidentemente, “desde que se levanta hasta que se acuesta” es una hipérbole que magnifica, una vez más, un aspecto negativo del personaje. Por otra parte, en la oración “Después tose y sonríe” se puede apreciar un paralelismo con lo que el texto acaba de describir. La tos, como consecuencia del tabaco, y el sonreir, del alcohol. Esta explicación cobra sentido si tenemos en cuenta la intervención del narrador, que aparece en este momento para teñir de sarcasmo el verbo “sonreir”.

Pasemos a la parte cuarta. Esta sección comienza con una nota novedosa: Doña Rosa de buen humor (acabamos de ver que el “sonríe” que cierra el apartado tercero no tiene relación con una propensión natural a la jocosidad, sino con el trasegar brebajes de alta graduación alcohólica). Lo desmedido de su carácter se manifiesta ahora en otra costumbre: la lectura. Doña Rosa lee, mas prefiere lo “sangriento”, lo morboso. Esta atracción malsana le lleva a bromear acerca de crímenes macabros que alcanzaron notoriedad en aquellos años.

Como hemos visto, Doña Rosa es un personaje desmedido, exagerado en todos los aspectos. El narrador lleva sus costumbres y todos sus gestos al límite. Para tal fin, el autor combina recursos como la hipérbole y la animalización. Además, usa un lenguaje cargado de adjetivos y complementos circunstanciales que aportan gran expresividad. Se trata, en mi opinión, de un arranque muy efectivo, puesto que muestra un ambiente clave en las historias que se van a narrar y, sobre todo, sitúa al lector ante el estilo y el tono de la novela: cruel, humorístico, caricaturesco… Por último, este fragmento también pone sobre aviso al lector acerca del supuesto realismo de La colmena. Tan deformada aparecerá la realidad madrileña de posguerra como lo hace doña Rosa en este fragmento.

1 Secuencia es el nombre que la crítica ha dado a cada uno de los pasajes en que se dividen los capitulos de La colmena. Suelen ser breves y estar centrados en uno o dos personajes. Por esta razón, numerosas secuencias empiezan con el nombre del protagonista.