Al alba, un tren, un compromiso,

me llevan ante esta belleza majestuosa

y antigua.

¿Cómo describirla?

Imagina

el cuenco de unas manos inmensas

apresando un agua quieta

– yo recuerdo las manos de mi madre

con un sorbo fugaz de agua.

¡Con qué torpeza mojaba

mis labios

y besaba el fondo de ese vaso que escapaba!

No he vuelto a encontrar un agua tan deliciosa –

son unas manos ya viejas

y el agua que ofrecen turbia

pero es sobrecogedor

cada día hacerla tuya

y sentir la certidumbre de la piedra

sólida, estable, dura.

He de confesar que no te hablo

de ningún lugar secreto,

aislado,

– muchos ojos han bebido,

aunque pocos se han saciado.

Hubo, por ejemplo, un hombre

encerrado en esta orilla

– allí está su nombre escrito –

y una mujer en dios convertida

por su hijo, hombre monstruoso

engendrado con la muerte

de otros hombres, que habían sido

testigos de la hermosura que con torpeza describo.

***

Alba, tren, certidumbre, piedra,

alba, tren, certidumbre, piedra.

Esta costumbre enraizada,

este círculo de acero,

me hicieron creer algún tiempo

que el tiempo no se escapaba,

que el agua limpia en mis manos

era una esfera de plata;

la belleza que he creado, imparable

como el alba, previsible

como un tren, sólida

como un templo, erguido en cruz

sobre piedra,

siempre detrás de la puerta

esperando mi llamada.

***

Hay un hombre: me observa fijamente,

le vuelve la cara al paisaje,

me sostiene la mirada

insistente, callado, inquietante.

No lo conozco

pero parece

un hombre débil, perdido,

lloroso, sonriente, abatido,

alegre, irritable, envejecido.

Las palabras que sus ojos destilan

de lo ausente me hablan, lo perdido.

“Es mentira lo que los poetas han escrito,

nunca será polvo, nunca estará fría

la mirada que en ti busca cobijo,

el agua limpia en tus manos

no será un charco de barro

que te ensucia, sino esa esfera de plata

que ahora acaricias y admiras,

que devuelve tus ojos reflejados,

que es eterna, intocable, infinita.

Serán tus manos.

no bajes los ojos.

no te mires las manos”.

Entre Sierre y Montreux, octubre de 2007.

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