No nos mata el tiempo. Nos mata, lentamente, la vida enterrada de los otros.

Nunca morimos solos. Al morir, matamos un poco a los que nos acarician, nos besan y nos entierran.

La vida en mi cuerpo no es solo mía.

La vida en mi cuerpo es de los que me han abrazado,

me han sostenido,

y de los que yo, con torpeza, sostengo.

La vida en mi cuerpo

no es mía, y la estoy perdiendo.

La vida no se me irá en un instante, un día,

tal vez lejano, tal vez.

Yo también empecé a morir de niño.

La juventud se nos va,

como pedazos de pan

en las manos de un hombre generoso,

sentado al borde del camino.

Grojec, abril de 2008

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s