Ataúd aún abierto donde arrojo

palabras que son manchas arrancadas

al carbón, negras, tristes alboradas

de un mudo cancionero que recojo.

Entraña, tal vez fértil, que a su antojo

mece materno estas vidas brotadas

de la madera, en madera gestadas,

nacidas quizá, quizá ya despojo.

Acaricio este cuerpo penetrado

de mi carne, mi sangre y mis semillas

a la espera del hijo de su seno.

Mas ya comprendo que vivo abrazado

a unos huesos cortantes como hojillas

árboles muertos, polvo, tierra, cieno.

Salamanca, enero de 2008-

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