Cerca de aquí

-alguna tarde te llevaré a verlo-

hay un cementerio de hombres cabizbajos.

Al atardecer agonizaron.

en la noche ya descansan, helados,

una estúpida expresión de estupor

sobre los brazos.

Verás los cadáveres ordenados,

obedientes, derrotados,

de pie en su inmenso camposanto.

En las mañanas de sol, ilusión

fugaz,

parecen vivir de nuevo.

Están enhiestos, frente al cielo,

boquiabiertos, y alguno se cree vivo,

libre, cierto, renacido.

No.

Ya los acecha la tarde

y con ella la agonía,

más segura aún que la luz del día,

de esos inocentes, de esos ingenuos,

de esos seres humillados,

cerca de aquí,

en ese cementerio de hombres cabizbajos.

Sierre, octubre de 2007

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